Una vida normal.

Va de médicos…

Yo tengo una vida “normal”, como la de muchos de vosotros, y algo movida. En la que me levanto, desayuno, trabajo, como, estudio, entreno, ceno y duermo, de lunes a viernes, y los sábados otro tanto, con la familia, los niños, los papas y las mamas (los políticos y los propios), los animales, más comidas, más estudio, los partidos (que para eso entrenamos), y algunas cosillas más, algo de televisión, también algo de televisión basura, para que nos vamos a engañar. Pues eso, yo que tengo esa vida, voy y me rompo el tobillo, bueno, para ser exactos un esguince de grado III, de esos chungos, complicados, en los que se te hincha todo, se amorata todo, y no puedes poner el pie en el suelo. Pues nada, vamos al médico, hacemos reposo (sin dejar de hacer toda esa vida normal, sólo dejamos los entrenos, que uno es muy movido), y nos ponen un “walter” (una bota que inmoviliza el pie).

Hasta aquí todo bien, en lo que quería hacer hincapié es en lo siguiente, después ya de cuatro semanas, vuelvo al médico, la conversación, de la que trasladaré lo más llamativo, discurre para nosotros, los que de una manera u otra estamos cerca de la filosofía, de una forma diferente al resto. Y es que esto de hacer filosofía del Lenguaje, lógica, filosofía de la ciencia, no puede ser bueno, oiga.

En la visita que os reseño el médico me dice que todo está mejor y que ya puedo hacer vida normal. Y aquí viene el problema, yo que no he dejado de ir en moto, con las muletas a los lados como un pistolero, y que ya llevaba una semana andando con cierta normalidad, voy y le digo. Estupendo, pues nada, me pondré a entrenar enseguida. No, no, no…. me dice, ¿está Ud. loco? A lo que le pregunto ¿Por? Me ha dicho que puedo hacer vida normal ¿No? Ya os podéis imaginar. Vida “normal”, ahí está el problema. La de él o la mía. O la de la señora Paquita. Ya puedes andar, hacer bicicleta y nadar. Y esto es como lo del chiste aquel de la guitarra, pero oiga, si yo no he nadado en la vida. ¿Para qué tengo que empezar a nadar ahora? Yo lo que quiero es correr, correr por la montaña, y jugar los fines de semana. Pues para eso tendrá que esperar cinco semanas más, otra visita, y ya veremos. Pues entonces, le digo, no me diga usted, señor doctor, que puedo hacer vida normal. Bueno, yo me refería a…. Ya, le corto, ya sé a que se refería usted.

Y es que con las cosas cotidianas la filosofía no parece pegar mucho, uno la lleva en su corazón, en la cabeza, pegada todo el día. No la dejamos para nada. Pero en esto, como seguro que en muchas otras cosas, no hay medias, o la tienes o no la tienes. Y nosotros la tenemos y, seguramente, la aplicamos mal en más de una ocasión.

¿Os dificulta, en cierta manera, hacer uso de la filosofía en vuestro día a día? Con dificultar no me refiero a que os cause problemas, que probablemente no, sino si os encontráis con situaciones como la descrita. Parece que siempre vamos con prisa y no prestamos atención a lo que decimos o a lo que escuchamos. No?

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