Lo impopular de lo académico

Aunque no soy un académico, ni siquiera un alumno becado, y mucho menos brillante, sí que he entonado en alguna ocasión aquello de Panem et Circenses, o en su formato más actual, y que tanto éxito ha tenido entre los españoles, Pan y Fútbol. Y es que, echar la culpa a los demás es el deporte preferido de las personas. Así nos lanzamos los menos preparados, los más, los del medio, y todos, por separado y juntos, a entonar el Panem et Circenses, pero a los demás, y con una consecuencia (de ser consecuente) cero. De tal manera que después saltamos todos de alegría con el fútbol, con las coches o con las motos; cuando antes señalábamos con el dedo a los demás ciudadanos de segunda que seguían pidiendo Panem et Circenses, y es que esto se pedía, se exigía, a los gobernantes, para divertirse. Es ahora cuando nos lo dan sin que lo pidamos. Pero esto es otro tema. A lo que iba, señalamos a los otros, aquellos que piden pan y diversión, y  los tratamos poco menos que de poco listos, cuando continuamos haciendo exactamente lo mismo, sin cambiar nada. Y ahí estamos todos señalándonos, los unos a los otros, poco listos, y saltando juntos por los deportes. Así que no nos miramos el ombligo y entramos en un círculo del que difícilmente salimos. Puesto que el fútbol y la tele, queridos, están ahí, y lo cogen los que quieren, y los que no, pues cogen un libro.

Algo parecido es lo que le pasa a los intelectuales y académicos de cualquier disciplina. La investigación académica, cito del artículo, es la principal forma de serialidad impopular. Y en mucho menor grado, pero también, a aquellos licenciados en humanidades o con ciertos intereses intelectuales al respecto, entre los que sí me incluyo ahora, que no hacemos más que quejarnos de lo mal vistas que están las humanidades, o los intelectuales, o los académicos, hoy día. Y de  lo poco aceptados que están socialmente. Y de lo incomprendidos que están. Y de lo impopulares que son. Y la culpa, como en el caso del pan y fútbol, es de los demás, del público que no comprende lo que decimos. En definitiva, y cito, hasta qué grado nos sentimos faltos de popularidad como académicos, produciendo apasionadamente un trabajo que nadie parece apreciar. Esto crea un sentimiento de diferencia, de exclusión, que además es bidireccional, puesto que los no académicos ni se atreven a acercarse a su trabajo.  El artículo que enlazo se cuestiona por los motivos de la poca aceptación de los temas de los que hablan los académicos, si es que hay un culpable para esto, y propone el reto de hacer el esfuerzo para que esos temas sean seleccionados por el auditorio y, a su vez, que sean interesantes para el mercado y el capital, a la postre, culpables del desaguisado, o quizás no, y exige para ellos mismos un esfuerzo por hacerse comprender.

Sugiere un giro por parte de los académicos para conseguir esa aceptación, digamos, de masas, guardando para sí, ocultando quizás, un reducto donde poder compartir sus interioridades. Propone un cambio, una apertura, para que puedan ser más atractivos, quitando, sobretodo, la culpa al ciudadano que no consume su trabajo.

Esto mismo se puede aplicar a cualquier disciplina, a la vuestra seguro que también. Y es que, amigos míos, que tire la primera piedra el que esté libre de pecado ¿Somos unos incomprendidos o no nos comprendemos a nosotros mismos?

El texto que motiva el post es la muy interesante traducción de @ernestopriego de “lo impopular” de lo académico, “The Unpopular” de @kfitz #RedHD. Podéis leer el artículo completo aquí.

Licencia Creative Commons
“Lo impopular” por Ernesto Priego es una traducción al español del texto original en inglés de Kathleen Fitzpatrick. Se comparte bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

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4 thoughts on “Lo impopular de lo académico

  1. És cert, els humanistes no destaquem en popularitat. Aquest tema va relacionat amb el que comentaves l’altre dia sobre digitalització dels humanistes, i es que només cal veure la proba: l’entrevista a Emilio Lledó al programa “Singulars”. Més de 10 persones hem van comentar al dia següent que l’havien vist, fins i tot gent que no recordava el nom del entrevistat. Però és clar, el medi comercial utilitzat va ser la televisió. Ens hauríem de replantejar els medis comunicatius que utilitzem, i fer-ne un ús equitatiu de tots ells, no pot ser que la major part del temps lliure se l’emporti un sol medi (la televisió), perquè llavors no tenim contrast i per tant, la nostra opinió NO hauria de ser valorada.

    • Hola Raquel,

      Gràcies pel comentari. Totalment d’acord, cal veure també que segurament les conferencies, cursos i demés actes que s’usen no siguin els més adequats. Tot avui dia passa per un medi, com bé dius, la televisió. Penses potser que no existeixen mitjans alternatius ara amb les noves tecnologies? Sens dubte és també necessari un gir, no només en el discurs, però també en la forma i mitjà.

      Salut,
      Xavier

  2. Me parece que voy a “tirar agua a mí molino”, se se me permite la expresión. El hecho de que los intelectuales y académicos de hoy estén menospreciados y no consigan tener contacto con la sociedad tiene varias explicaciones, y una de ellas es que, en un sistema ontológicamente monista como el capitalismo (materialista) la institución que trata de cosas no materiales – de razonar sobre símbolos, conceptos, ideas – es decir, la universidad, tiene menos valor y necesariamente ha de estar alienada del resto de la sociedad.
    Si a nivel social pasa el mensaje de que lo único relamente relevante es la materia, luego no nos podemos quejar que se aislen aquellos que hablan también de otros planes ontológicos.
    Esto tiene diferentes niveles de responsabilidades, pero tampoco creo que haya que culpabilizarnos demasiado – aunque, y eso es una triste realidad – los académicos de hoy parecen más un grupo de “paraculo” (se me permita utilizar aquí un italiano un poco vulgar), de funcionarios asustados que sólo intentan obedecer y esperan sacar alguna financiación estatal, preocupándose en igual medida del contenido de sus escritos como de las gestiones burocráticas para poderlos publicar y añadir a su curriculum académico…

    En fin, la situación no es de las mejores, y seguramente hace falta una fuerte dosis de valentía y de compromiso por parte de los profesionales del pensamiento, pero hay ciertas lógicas que no creo podamos cambiar por nosotros solos (justamente porque somos profesionales del pensamiento, y no un partido o una organización especializada en conseguir lo que Gramsci llamaría la hegemonía cultural).

    • Gracias por el comentario Mosè. Sin duda aceptar que la universidad (los académicos entiendo) necesariamente deben estar alienados de la sociedad es el principio del problema, no puedo estar de acuerdo con eso. No tienen que entrar en el sistema capitalista por la vía directa pero, como ha apuntado Raquel, seguro que hay otras vías de acceso para mostrar su trabajo. Precisamente esas vías son las que hay que investigar y ahí reside el giro, en salirse del camino actual que, está visto, no funciona.

      Con respecto a la actitud de los académicos actuales, tú los conoces bien, estoy de acuerdo contigo. Y es tras ese escondite que mencionas donde reside la dificultad de entonar ese cambio de rumbo hacía afuera de las instituciones académicas. No por difíciles tenemos que dejar entonar un “mea culpa” y buscar salidas posibles.

      Por otro lado hay gran variedad de intelectuales, de muy diversas materias, y algunos de ellos sí que tiene transcendencia en la sociedad. Hablo de científicos y economistas, por ejemplo. Entonces ¿es el problema exclusivo de los académicos de las humanidades? ¿Quizás tendríamos que aprender de estos otros académicos que si llegan a un público no académico?

      Al hilo del mensaje es muy interesante esta noticia sobre plagio en trabajos de doctorado, especialmente en Alemania donde el título de Doctor es muy reconocido.

      http://www.bbc.co.uk/news/18962349

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