Comer con cuchara grande

El espíritu del pensamiento crítico tiene que situarse por encima de las capacidades del estudiante cuando este se acerca a la universidad, esa es la requisición, como los requisitos que debe cumplir un proyecto y que son enviados al ingeniero. Es lo que proponen, o lo que piden, la mayoría de los grados y másteres oficiales. Se requiere esa habilidad mínimamente, está detallada en el perfil de competencias específicas y transversales, así lo llaman. El objetivo es conseguir que el alumno que se acerca a la gran escuela, esa que se quieren cargar, tenga eso con anterioridad y que lo desarrolle en lo posible durante sus estudios, para que, posteriormente, esas habilidades le sirvan para el desarrollo de su vida como buen ciudadano en nuestra sociedad. Habilidades de análisis crítico en literatura, en ciencia o en filosofía, con el fin, a lo largo de las asignaturas y de la carrera o máster, de poder entonar su propio discurso, analizar lo que dicen los textos, si es que lo consigue, con la ayuda, guía y dirección de los profesores, auténticos conocedores de la materia, a la postre ser más reflexivo, menos crédulo y estar mejor informado. Después unos con más suerte y otros con menos van encontrando hueco en el mercado laboral. Unos con mucha suerte en el sector para el que se han preparado, otros con menos suerte en otros ambientes, y los más, especialmente en estos momentos, no encuentran nada. No obstante todos, después de estudiar una carrera, la que sea, y de encontrar un trabajo, o no encontrarlo, sea el sector que sea, nos encontramos ante la misma sociedad.

En mi casa me enseñaron a comer con respeto al resto de comensales, lo mismo que intento hacer con mis hijas. No comas muy rápido, no abras mucho la boca, no hagas ruido. En cierta manera ese espíritu crítico del que hablaba empieza a trabajarse en la mesa, con la familia, con aquellos profesores de infantil o primaria que nos animaban a gritar, o callar, o bailar. Ese espíritu crítico que nos invita a pensar con independencia de lo que nos dicten.

Hoy día todos los ciudadanos intentamos entender que está pasando. Aquel espíritu crítico se ha convertido, al final, en una guía de buenas prácticas, en un no hacer daño al vecino y a tratarlo con respeto, en un comer pausadamente, sin abrir mucho la boca y sin hacer ruido. Y lo mismo pide cada uno de nosotros a nuestros semejantes y compañeros de esta sociedad que nos ha tocado vivir.

La situación parece ser contraria cuando uno mira hacia arriba, hacia los dirigentes, sean del color que sean. Uno ve que comen con cucharas grandes, mascullando y riendo a carcajada entre cucharada y cucharada, abriendo mucho la boca y haciendo mucho ruido, con una falta total de respeto a los demás. No aprendieron nada de ese espíritu crítico que les debía haber acompañado a lo largo de su vida, con su familia, con sus primeros maestros y, los que lo hayan conseguido, con sus profesores en la universidad. Ese espíritu crítico que les hubiera hecho mejorar como personas.

Me han enseñado a comer con cuchara pequeña, a no llenarme mucho el plato, a no gritar, a respetar, en fin, me han educado para vivir en una sociedad con consideración y cortesía. En una sociedad que ahora me da la espalda y me demuestra, por mucho que intento pensar lo contrario, que todo esto no sirve para nada. Que nos dirigen con una falta total de deferencia y honradez, sin entendimiento, sin ningún tipo de ética, unos dirigentes que parecen no aprendieron nada en el transcurso de su vida, sólo a comer con cuchara grande.

Anuncios

6 thoughts on “Comer con cuchara grande

  1. Una metáfora muy interesante acerca de la humildad y la perseverancia. Alguien con las ideas claras que nos infunde cada día valores y esperanzas. Gracias Xavi!

  2. Celebro la metáfora de la cuchara. Me ha gustado. no obstante (ya me conoces) he sentido la necesidad de matizar una idea clave de tu escrito. A ver qué te parece mi matización; ya me dirás. Te cuento:
    Mientras leía como ejemplificabas ese espíritu crítico del que hablas algo no acababa de cuadrarme. He pensado: estoy de acuerdo, pero llamaría otro modo a ese “No comas muy rápido, no abras mucho la boca, no hagas ruido”. Tú mismo apuntas en esa dirección cuando comentas con acierto: ” Aquel espíritu crítico se ha convertido, al final, en una guía de buenas prácticas”. yo pensaba en educación, en urbanidad, más que en “espíritu crítico”.
    Claro, no creo que sea incorrecto lo que dices, porque la buena educación, o lo que nosotros consideramos buena educación (recordemos que en otras culturas se aprueba lo que en nuestras mesas chirría) no es más que un intento por pulir o mejorar ciertas formas, comportamientos o defectos inherentes a nuestra condición más primitiva y, claro, podemos interpretar por ahí algo cercano a la crítica, algo tan sencillo como el intento de rectificación de algo que consideramos erróneo.
    Todo esto (reflexiono sobre la marcha, no creas que he empezado estas líneas con las ideas que pretendía transmitir perfectamente estructuradas) me lleva en este momento a buscar en la RAE, porque en parte se ajusta a tu reflexión. Veamos que dice de “criticar”:
    En la segunda acepción leemos: “Censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien”. Esto me desconcierta ligeramente, pues empezaste el escrito hablando del “espíritu del pensamiento crítico” y, claro, el criticismo del pensamiento crítico, de entrada, no me ha parecido lo mismo que el criticismo de la crítica cotidiana, familiar o educativa de la que hablas más adelante. Enseguida, no obstante, me acabo de hacer unas preguntas:
    ¿Es posible entonces una confusión entre la crítica en un sentido educativo y la crítica en un sentido más combativo? ¿Podríamos hablar por tanto de una crítica antropológica frente a una crítica puramente política? Y, de ser así, de admitir estas dos posibles vías para la crítica, ¿no has centrado tu reflexión sobre el pensamiento crítico en el ámbito antropológico? Ahora creo que sí, lo que me conduce a comprender tu utilización de la crítica, tal y como la planteas al hablar de esos elementos educativos, como perfectamente derivable del pensamiento crítico.
    De acuerdo, pero ¿acaso no has afirmado también que las habilidades en el análisis crítico pueden permitirnos (con la ayuda pertinente) “ser más reflexivo(s), menos crédulo(s) y estar mejor informado(s)”? Entonces, ¿qué tienen que ver estas metas (ser reflexivo, mostrarse menos crédulo y estar informado) con esa crítica antropológica que se centra en las buenas formas o en la buena educación cotidiana?
    Es por ahí por donde tu escrito me crea algún problema, pues si bien lo inicias con evidentes referencias a una crítica más cercana a lo que yo entiendo por crítica (política la llamé), lo terminas reflexionando sobre una crítica (antropológica la llamé) que entiendo y acepto pero que parece no cuadrar una con otra.
    Esa era mi matización que, mira por dónde, ha terminado por ser algo más… ¡crítico!, jejeje. Ya me dirás, porque el tema me parece de sumo interés. A ver qué piensas. Una abraçada!

    • Gracias por el comentario Marc. Tu crítica procede, vamos si procede. Educación y urbanidad, a la par que ética política, vienen al pelo. Lo has aclarado bien.
      Existe el salto que comentas entre ese espíritu crítico adquirido y la educación. Lo que he dicho, o eso he intentado, es que me parece que el espíritu crítico es el objetivo conseguido de aquel que empieza con una “buena” educación en casa. Por tanto, seguido de una buena educación vendrá un espíritu crítico. Todo es matizable, estoy de acuerdo, y no tiene que ser siempre así. Pero en el ejemplo con la política pienso que procede. “No aprendieron nada de ese espíritu crítico” viene a significar de aquella educación que tuvieron, tienes razón, pero también quería expresar que no consiguieron, con toda esa educación, llegar a “obtener” ese espíritu crítico “que les hubiera hecho mejorar como personas y como gobernantes”. Pues pienso que quien tiene la capacidad de “censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien”, no puede por menos que actuar bien con el resto.
      Espero haber resuelto, al menos en parte, tú crítica. Eso es lo que he intentado y no sé si he conseguido.

      • Vale, te has explicado, pero no lo acabo de ver claro o, mejor dicho, no estoy muy de acuerdo en la relación, en la consecuencia que expones (si la he entendido bien). Si el espíritu crítico en el ámbito político (por ejemplo, señalar los excesos, las derivas reprobables o las miserias de la clase política en lugar de detenerse en una admiración o una simple aceptación acrítica o inocente incapaz de concebir o creer en dichas derivas y miserias), ¿de verdad ese espiritu depende de una determinada educación? (aceptemos, como dices, “buena educación”, aunque eso me crea problemas, pero cierto es que hay unos mínimos en los que podemos estar de acuerdo). Esto tendría que pensarlo. No quiero decir que no es posible o que no funciona así, pero no lo tengo muy claro. A ver, intentaré pensar en voz alta (o en negro sobre blanco… gris sobre blanco más bien). Si digo algo que no cuadra con lo que has dicho (o sea, si te malinterpreto) házmelo saber:
        La idea sería, digamos, que si recibes una determinada educación desarrollarás un pensamiento crítico o un espíritu crítico que, por decirlo de un modo que resulta aceptable en este debate, te permita poner el dedo en la llaga de la realidad política en lugar de observarla fascinado por ella, esa fascinación que convierte en imposible concebir errores o excesos en la citada realidad.
        Por mirarme un poco en el ombligo, diría que el pensamiento crítico lo elaboramos a base de observar. quiero decir, que los ejemplos que nos rodean ayudan a desarrollarlo. Si, por ejemplo, nuestros padres o uno de ellos es muy crítico con la realidad político-social, supongo que el hijo tomará nota, de algún modo copiará a su padre, de algún modo seguirá su ejemplo y, por decirlo de otro modo al anterior, desconfiará frente a la realidad político-social o se mostrará precavido ante las supuestas bondades de la clase política.
        Dicho esto, me cuesta ver el desarrollo de esa mímesis, de ese desarrollo del espíritu crítico en base a la educación primigenia, al ejemplo materno o paterno, a la educación del hogar si lo ejemplificamos en aquello de “no comas muy rápido, no abras mucho la boca, no hagas ruido”. ¿No crees que una persona que no ha sido educada en estas “cimas” de la urbanidad podría perfectamente desarrollar un estimable espíritu crítico y un pensamiento acorde al mismo? Quiero decir, vaya, que una persona que come de cualquier manera, que no respeta ciertas normas elementales (porque no se las han enseñado) podría por otro lado tener una visión excepcionalmente crítica (constructiva) de la sociedad. ¿Qué piensas?
        Lo digo porque, por ejemplo, ¿no es concebible el genio de las matemáticas que tiene su despacho o el lugar donde vive completamente desordenado? ¿Acaso no es posible que el orden mental necesario para destacar en dicha disciplina no conlleve obligatoriamente un desorden morrocotudo en lo personal, en la vida cotidiana? ¿No hay auténticos cochinos que son figuras en su disciplina o especialidad?
        Lo planteo de forma algo intuitiva. Creo que debería pensarlo más en lugar de escribirlo a bote pronto, pero aquí estoy. Cierto es que, por otro lado, podría plantearse una objeción bien simple que dijese algo así como que es difícil rebelarse ante las cosas, ante el mundo, ante la injusticia o ante aquello que merezca ser criticado si no has sido capaz de mantener una actitud crítica contigo mismo que, por ejemplo, te lleva a mantener un orden o una actitud ordenada en tu vida cotidiana. Deberíamos entonces analizar si el orden, una palabra que puede causar cierto “yuyu” casa bien con el pensamiento crítico, pensamiento que no pocas veces señala a la voluntad de ordenar por parte del poder. Vaya, que conozco a gente muy crítica, antisitema en muchos casos, que son un desastre respecto al orden de su habitación, por citar el ejemplo más clásico.
        Ahí lo dejo. Seguimos pensando, jejeje.

  3. No me deja responderte ¿no quieres? 😉 No sé que problema puede haber. En cualquier caso te respondo en un comentario nuevo.
    Bueno, bueno, esto se está animando. Magnífico ejercicio el que me estás obligando, con placer infinito dicho sea de paso, a hacer.
    Así, a bote pronto, creo que hablamos exactamente de lo mismo, y que, no parcialmente, sino totalmente. Al menos por lo que he entendido yo, de lo contrario házmelo saber.
    Sí, pienso que el espíritu crítico que hemos descrito se sigue de una buena educación. Aunque, a propósito de tus comentarios, estoy totalmente de acuerdo que no se sigue lógicamente, que no hay una obligación premisa – consecuencia, que no todo “buen educado” tiene que ser, al final, “críticamente correcto”, si me permites el palabro. Pero, por el contrario, sí que pienso que todo aquel que esté iluminado con algo de ese espíritu crítico, bien político como estamos hablando, o bien de cualquier otra índole, sobre la educación, por ejemplo, ha tenido una “buena educación”. Me permito el uso de las generalizaciones y por ello las entrecomillo, estaría de acuerdo en cualquier discusión acerca de lo que es estar “bien educado” o ” tener espíritu crítico”, lo que para unos sería negro para otros sería gris, y lo que para unos estaría muy bien para otros estaría medio bien, o incluso mal. Aunque creo conveniente, como has apuntado, dejar de lado estas aclaraciones.
    Para concluir pienso que el problema de la disonancia que tenemos puede ser, o así me lo parece, en aquello que decimos que es la educación. Creo entender que has entendido, o así me lo parece, que piensas que le he dado un significado a educación algo cerrado o estrecho (esto me recuerda al paradigma estrecho). Digamos, a aquella educación adquirida como formación, bien en familia o bien en la escuela. Para argumentarlo lo haces con el ejemplo de la observación, ¿lo he entendido bien? para mí la observación también es parte de la educación, toda aquella información adquirida por uno formaría parte de lo que yo pienso que significa educación. Cuando un niño se equivoca y lo reconoce, cuando le regañas, cuando escucha u observa lo que le rodea, a todo eso le llamo educación.
    Y apara acabar, sí, estoy de acuerdo, ese matemático inteligente que describes podría no estar en posesión de una pizca de espíritu crítico. Creo que esto ya lo he desarrollado durante el comentario. Y también me puedo imaginar a un gran profesor siendo un cochino en su vida interior cotidiana. Lo cortés no quita lo valiente, que dicen.
    Y, ahora sí para acabar, el aporte de la revelación y del orden me parece de lo más apropiado. Si he dicho que no es, digamos, obligado que todo aquel “bien educado” llegue a ese estado de perspicacia crítica, sino que puede ser un fiel borrego, y que también se puede tener esa sensatez sin esa educación, sería obligado decir que, además, debe existir algo exterior a esa didáctica aprendida a lo largo de la vida. Lo acepto, y me parecen bien las propuestas de que lo puede conseguir aquel que haga un ejercicio de introspección y ordene su vida, como dices. Pero ¿no sería eso parte de una educación adquirida? Como la observación que hemos descrito antes ¿no sería parte de esa educación ampliada que estamos describiendo?
    Sigamos debatiendo. Esto hubiera dado para un buen post. Lo pienso…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s